Ramón Gaya. El acuarelista sentado
(Serna visto por Gaya)
SALA TEMPORAL
Del 04 de febrero al 30 de abril de 2026
Naranjos, 1978. Acuarela sobre papel. Pedro Serna.
En 1978, Ramón Gaya visitó una exposición de Pedro Serna en la desaparecida galería Chys de Murcia. Impactado por su obra, quiso conocer al pintor y adquirió este paisaje de Ricote. A partir de ese encuentro se fraguó una sólida amistad que los llevó a pintar juntos por la huerta de Murcia y otros enclaves de la Región. A lo largo de los años se intercambiaron y regalaron obra, llegando Gaya a reunir más de cuarenta piezas de Serna.
La torre de Alguazas, 1981. Óleo sobre lienzo. Ramón Gaya.
Ramón Gaya se enamoró de esta torre de planta cuadrangular, situada en la huerta murciana, a la que consideraba de proporciones perfectas. Fue Pedro Serna quien se la descubrió, y juntos la pintaron en numerosas ocasiones. Gaya llegó incluso a fantasear con la idea de tener en Murcia un pied-à-terre, un apeadero, un sitio donde “poner el pie”. Aquella torre, por su presencia, su equilibrio y su silencio, le parecía el enclave ideal.
Homenaje murciano a Eduardo Rosales. 1987. Óleo sobre lienzo. Ramón Gaya.
Muebles populares, una copa de agua, un azucarero, unas peras, unos tomates, un libro de Eduardo Rosales, una acuarela de Pedro Serna, un abanico, Pastora Imperio, reproducciones de Velázquez, Tiziano, Rembrandt, Venecia, Murcia…
Rosas y abanico rojo, 1990. Óleo sobre lienzo. Ramón Gaya.
Las rosas, de la huerta murciana, recogidas por Isabel y Pedro. El abanico también era de Isabel: lo compró en El Rastro madrileño y se lo prestó a Ramón para esta composición.
Paisaje del Molino, 1992. Óleo sobre lienzo. Ramón Gaya.
El molino de Funes es el último cuadro que hizo Ramón frente al paisaje en Murcia. Fue Pedro Serna quien llevó a Gaya a este rincón único de una huerta agonizante y de la que hoy día casi no queda rastro.
FOTOGRAFÍAS DE PEDRO SERNA
«En la naturaleza, en el paisaje real de la naturaleza parece como si, de pronto, se formaran unos pequeños nudos, es decir, unos pequeños enigmas; a veces es tan solo un acento especialísimo de la luz, o una… musicalidad de la distancia , o del aire. Pedro Serna es muy sensible a todos esos misterios a pleno sol; en su pintura parece haber querido, con inspirada modestia, ir desatando los nudos que encontrara en la realidad del paisaje.»
RAMÓN GAYA