Nostalgia cubista
SALA CASA-ESTUDIO
Del 16 de enero al 15 de marzo de 2026
Así nombró Ramón Gaya a varios de sus homenajes a pintores y obras cubistas. En ellos se percibe una cierta nostalgia por algo ya pasado, una añoranza que se manifestó en distintas ocasiones a lo largo de su pintura, especialmente en esos divertimenti que realizaba de manera esporádica. Aunque abandonó muy pronto sus ‘coqueteos’ con las vanguardias, regresó a veces a ese aire cubista como un mero ejercicio lúdico, casi como un paréntesis dentro de su trayectoria; divertimenti que el propio pintor definía: «Llamo divertimenti a una pequeña parte, un tanto rara y estrambótica, de mi trabajo como pintor. Ha sido siempre sólo una parte de mí mismo, pero no menor: no de obra menor ni de arte menor, sino, por el contrario, de… más arte. De menos creación y de más arte. Quizá he querido —sin darme muy bien cuenta, y después de mi exposición de 1928 en París— ahorrarle a mi pintura ese tonto ideal lúdico que por entonces —acaso desde 1919— empezaba a extenderse por todo. No es que yo negara el encanto que lleva en sí la “travesura”, pero me pareció que nuestro indiscutible ánimo travieso no nos lo podíamos, precisamente, tomar en serio —que es lo que hizo la escuela de París—, ya que así se destruía una cosa y otra: la viva seriedad y la viva y legítima travesura».
Aunque Gaya no simpatizaba con lo que comúnmente se entendía por «modernidad», tenía muy presente el caso aislado de Picasso. De él decía: «En una raya de Picasso hay un genio, un temblor, una vida…». Para Gaya, el caso de Picasso no se parecía absolutamente a nada de lo ocurrido antes ni después en las vanguardias; no podía relacionarse con nadie. «Su milagro es, sobre todo, la genialidad; no una genialidad artística o estética, sino una genialidad viva».
Y es que, para Ramón Gaya, el cubismo, aun siendo noble, presentaba límites claros: «Es cierto que al cubismo le faltaban el aire y la luz, pero llegaba en nuestra ayuda como una rigurosa disciplina de paso, de tránsito. El cubismo venía a devolvernos el cuadro, es más, la Pintura, aunque eso sí, en una versión un tanto simple, geométrica, esquelética».
«La verdad es que el cubismo viene a ser, acaso, el último movimiento pictórico… real, que sucede dentro de la pintura. Lo que viene después no han sido más que… ocurrencias.»
RAMÓN GAYA