In memoriam
Cristino de Vera 1931-2026
Cristino de Vera
El taller del eremita
SALA TEMPORAL
Del 8 de mayo al 13 de septiembre de 2026
La exposición Cristino de Vera. El taller del eremita, comisariada por Juan Manuel Bonet y Fernando Castro Borrego, ofrece al visitante la oportunidad de adentrarse en uno de los universos más singulares y silenciosos de la pintura española contemporánea. La muestra propone un acercamiento a la última obra de este pintor tinerfeño (1931–2025), marcada por una incesante búsqueda de lo esencial, de lo que permanece más allá de lo visible. A lo largo de trayectoria, su trabajo fue reconocido con importantes distinciones, entre ellas el Premio Nacional de Artes Plásticas, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y el Premio Canarias de Bellas Artes, que avalan la coherencia y la hondura de una obra profundamente personal.
Formado en la inmediata posguerra, tras abandonar sus estudios de Náutica, Cristino de Vera inició su camino artístico en Tenerife bajo la influencia de Mariano de Cossío, quien lo orientó hacia Madrid y hacia la enseñanza de Vázquez Díaz. En el Museo del Prado encontró referentes decisivos como Zurbarán y El Greco. En sus primeras etapas cultivó el paisaje, con obras que dialogan con las de artistas como Caneja, Ortega Muñoz o Benjamín Palencia. En esos primeros años desarrolló composiciones de sobria intensidad que ya anticipaban su inclinación hacia una pintura esencial y contenida, marcada por una progresiva depuración de elementos.
Sin embargo, pronto consolidó un lenguaje propio, reconocible por su extrema sobriedad formal y la insistencia en motivos recurrentes: monjes, crucifixiones, plañideras, niños, o la figura de un Papa muerto, evocación de Juan XXIII. Especial relevancia adquieren sus bodegones ascéticos —cestillos, flores humildes, objetos cotidianos— que, como en Morandi o Luis Fernández, trascienden su condición material para convertirse en símbolos. En su pintura, construida con una pincelada parca y una paleta de ocres, verdes, azules y grises, se despliega un mundo de silencio y quietud, donde, bajo una geometría contenida, late una intensa dimensión espiritual.
Fiel a una concepción profundamente espiritual de la pintura, Cristino de Vera desarrolló una obra abierta a formas de pensamiento que trascienden la tradición occidental, lo que lo aproxima, en sensibilidad, a artistas como Rothko. Su interés por Oriente —en sintonía también con ciertas afinidades de Ramón Gaya— se tradujo en viajes a Japón, India, Nepal o China, experiencias que enriquecieron su mirada y consolidaron su idea del arte como un camino de conocimiento interior y contemplación.
La exposición reúne una cuidada selección de pinturas y dibujos procedentes de su estudio madrileño y de la Fundación Cristino de Vera, permitiendo recorrer una obra coherente y profundamente personal. En diálogo con el legado de Ramón Gaya, esta muestra establece un puente entre Murcia y La Laguna, entre dos artistas unidos por la contemplación, la memoria y una misma aspiración: revelar, desde la pintura, el misterio de lo esencial. Se trata, además, de la primera exposición celebrada tras el fallecimiento del artista, lo que le confiere un carácter especialmente significativo, no solo como homenaje, sino como ocasión privilegiada para acercarse, desde la cercanía de su propio taller, a la huella última de su pensamiento y de su pintura.


